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Marie Poussepin

Nació el 14 de octubre de 1653 en Dourdan (Francia) población próspera cercana a París.

Su padre se llamaba Claude Poussepin y su madre Julienne Fourrier quienes formaron un hogar cristiano. Marie era la mayor de 7 hermanos quienes murieron muy jóvenes exceptuando el menor Claude.

La familia Poussepin se dedicaba a la fabricación de medias de seda. En 1684 Marie toma el control de la fábrica de medias de seda ya que sus padres mueren y se convierte en pionera de una nueva industria. Marie deja la responsabilidad del negocio familiar en manos de su hermano menor.

Desde muy joven, cuando aún vivía su madre,  Marie era miembro activo de la cofradía de la caridad, en su parroquia.

Los últimos años del siglo XVII, no fueron fáciles para estas regiones de Francia, el hambre y las epidemias eran abundantes y aumentaba el número de pobres y enfermos.

Hacia 1692 el Padre Mespolie dominico visita Dourdan.  Marie Poussepin conoce la Orden Dominicana y halla en ella una respuesta a sus deseos de una vida espiritual más intensa, comprende que es el camino de Dios el que le señala y decide formar parte de la Tercera Orden de Santo Domingo.

Este hecho marcará luego a la Congregación.

A  principios de 1696 Marie deja Dourdan y llega a Sainville,  dedica su tiempo a los niños y enfermos de este lugar.

Después reúne a jóvenes y les enseña a tejer, a amar a Dios, las verdades de la fe y  a servir, con algunas de ellas  se constituye la Congregación

Su causa anima a los pobres. El 13 de noviembre de 1697 la comunidad nace, y el acta de cesión de bienes que llega a ser el acta de fundación, declara la voluntad firme de Marie Poussepin de “fundar una Comunidad de la Tercera Orden de Santo Domingo para utilidad de la parroquia, para instruir a la juventud y servir a los pobres enfermos”.

El primer tropiezo es no lograr la aprobación del rey Luis XIV para constituirse en comunidad. Las cartas patentes, para cuya aprobación tuvo que esperar largos doce años, y la aprobación eclesial, entorpecida por el deseo de la fundadora de que su comunidad tuviera el espíritu y el nombre de “Dominicana”.

Era la primera propuesta de esa naturaleza y la iglesia sólo reconocía comunidades de vida contemplativa o asociaciones de caridad que no fueran comunidades religiosas.  El obispo de chatres exigió que se sacrificara el nombre de dominicas y sólo aprobó la comunidad como comunidad de la caridad de Sainville.

Así continúa la obra, sabiendo muy bien que el espíritu no muere se conserva en silencio hasta que la iglesia  la reconozca según el querer de Marie Poussepin.

Cuarenta y ocho años de oración, dedicación y servicio permiten hacer vida los anhelos, quien al morir el 24 de enero de 1744  deja casi un centenar de hermanas con 20 fundaciones: hospitales, escuelas, servicio de salud a domicilio...

En 1724 recibe las cartas patentes.  En 1738, la aprobación de los reglamentos de Sainville, por la iglesia diocesana.

Desde un principio concretiza su carisma fundacional en dos grandes líneas de presencia y servicio misionero: la educación y la salud, encarnada en la realidad del momento y del lugar, expresadas en actitudes concretas de caridad y misericordia. Educadora por excelencia, supo responder con sabiduría a las necesidades de su tiempo. Consideró la pedagogía, como el camino por el cual un maestro acompaña al discípulo hacia el conocimiento.

Sus principios se fundamentan en la pedagogía integral desde la cual afirmamos la posibilidad que tiene la persona, en este caso, cada una de nuestras estudiantes, de ofrecer sus propios valores y también la capacidad (siempre como fuerza moral) de optar por otros, con la convicción de que el camino más expedito para lograrlo es la educación.